Volume 1818
Georges Dodds'
The Ape-Man: his Kith and Kin
A collection of texts which prepared the advent of Tarzan of the Apes by Edgar Rice Burroughs
Presents
http://www.erbzine.com/mag18/delcarnain.htm

Historia de Dulcarnain Abumaratsid El Himyari y
Cuento del Idolo y del Rey y su Hija

Emilio García Gómez, transl.


Author(s)

Original Arabic author unknown.

Translator

Emilio García Gómez (1905-1995): Biography here

Link to Tarzan of the Apes

Feral infant. Derivative of Ibn Tufail's Hayy Ibn Yaqzan

Edition(s) used

  • García Gómez, Emilio. 1926. Un cuento árabe, fuente común de Abentofáil y de Gracián. Conclusión. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. 47: 241-269. (follows Part I. 47: 1-67)
  • From a manuscript in the Real Biblioteca Escurialense, folios 25a-29a of Miscellaneous Arabic Manuscript 1668, probably of 16th century origin
  • Modifications to the text

  • None. Needs to be translated
  • This version does not include original footnotes.

  • Historia de Dulcarnain Abumaratsid El Himyari y Cuento del Idolo y del Rey y su Hija

    Bendiga Dios a Mahoma y su familia y los salve!

    Cuentan -- y sólo Dios sabe la verdad  --- que hubo un rey que gobernó la tierra y la dominó a lo largo y a lo ancho. Se llamaba Assoaib Dumarátsid y estaba, en efecto, dotado de excelencias. Dios le habia concedido fuerza, saber y sagacidad. Era el más entendido de los hombres en los idiomas de los pueblos y en las lenguas de las aves y de las bestias. Teníale Dios destinado un ángel que le informase de los fenómenos naturales y preternaturales de las cosas. Reunió hombres y ejércitos; cerró caminos y desfiladeros. Le obedecieron los reyes de la tierra; mató a los Faraones y se sometieron a él cuantos pueblos viven bajo el curso de las esferas: caldeos y persas, griegos y romanos, hebreos y coptos, zoroastras y árabes, no árabes y turcos, los de Dailam y los dei Hichaz, abisinios y nubios, los de Sifin y los del Alto Egipto, los de Ifriquia y los de Berberia, andaluces y francos, los de la gran Constantinopla y los eslavos, los de Bab-el-abuab y los de Finis terrae, los de Jorasán y los de Caulau, los de Gailán y los de Caur, los de Ascalón y Gog y Magog, la tierra de Babel, el Extremo Oriente y el pais de la India.

    Se le humillaron, pues, los reyes de la tierra, cuyo único rey fué; y la recorría isla tras isla, hasta que llegó a Arin, que es el centro de la esfera y el punto del ecuador. No hace en él calor ni frio, ni hay allí otoñ o ni verano. Sus días y sus noches son iguales, sin que haya enter unos y otras acrecentamiento o mengua; antes, es siempre idéntica su duración. Es el ecuador de la tierra y por ello sus habitantes son los de cuerpo más sano, los de vida más larga y los de inteligencia más despierta. De ellos traen su origen las ciencias y la filosofia y provienen las artes; entre ellos aparecieron la matemática y la astronomia.

    Es imposible mencionar las maravillas y monumentos existentes en esta isla. Están entre ellos: el signo, en que hay figuras de hombres; telas de oro, que contienen la ciencia de los antiguos y los modernos; los veintiocho simulacros, que representan las mansiones de la luna y su ascendiente sobre el mundo; los siete ídolos, que significan los planetas y sus influjos y secretas virtudes; las doce imágenes, que simbolizan los signos del zodíaco, su fijación y el movimiento de sus varias especies en el mundo, y las cuatro columnas, que son los elementos (o cuerpos simples) y su influjo eficiente sobre animales, vegetales y minerales.

    El rey Dulcarnain se maravillaba de estas obras de arte, cuando surgió ante él un gran monte que se alzaba en los aires.

    -- Que es esto? -- preguntó.

    -- Es el monte Sarandib  --- le respondieron  ---, sobre el cual cayó Adán.

    Y enteraron al rey de las maravillas y excelencias que en él habia. Entró entonces el rey en deseos de subir al monte, y cuando llegó a su cima vió un ídolo grande que se alzaba en los aires, y quedó pasmado de la altura del monte y de la del ídolo. Este ídolo se sustentaba sobre cuatro pilares. El primero estaba en dirección al oriente solar y había en él la figura de un hombre; el segundo miraba a la puesta del sol y había en él la imagen de un león; el tercero miraba al sur y había en él la figura de un águila; el cuarto miraba el norte y había en él la figura de un pez. Miró después al ídolo y vió que tenía cuatro caras, en cada una de las cuales había la imagen de un hombre. Y he aquí que el idolo se alzaba sobre una escalera que constaba de trescientos sesenta peldañ os. Sobre la cabeza del ídolo estaba representada una figura orante, en dirección al sol, la cual se iba elevando hasta que, all llegar al centro mismo de la esfera, quedaba plantada en dirección al oriente solar. Dijo Dulcarnain:

     --- Este ídolo es cosa prodigiosa.

    Miró después hacia una plancha de blanco mármol por donde corria una inscripción en oro rojo, que no entendió. Entonces volvió la cabeza hacia los régulos de la India y les dijo:

     --- Sabéis qué es este ídolo?

    Contestaron:

     --- No lo sabemos, ni nuestros padres lo supieron.

    Demudóse la faz del rey por esta respuesta. Pero le dijeron:

     --- Entre los habitantes de esta isla hay un monje que es el hombre más sabio de la tierra.

     --- Traédmelo  --- repuso.

    Y se presentó ante él el monje, saludándole con las más elocuentes palabras y habládore con el más lúcido discurso. Preguntóle el rey:

     --- Oh sabio honrado y filósofo entendido! Conoces este ídolo y lo que hay en él y quién lo erigió?

     --- Si  --- contestó el monje -; sabemos su historia, la causa por que fué levantado y en qué lengua están escritos estos caracteres.

     --- Léelos, pues, oh xeij! -- dijo el rey.

     --- No puedo  --- respondió -, a causa de lo avanzado de mis añ os, de lo débil de mi vista, de la decadencia de mis fuerzas y de las vicitudes de mi vida, pues que ya pasé de la salud a la enfermedad y de la mocedad y lozanía a la decrepitud. Hazme, sin embargo, un andamio sobre el cual me suba, con objeto de que llegue a la plancha de mármol. De este suerte podremos leerla u comprender lo que dice.

    Mandó entonces el rey que se hiciera un andamiaje en los montes. Subióse el xeij, leyó la inscripción, y al bajar dijo:

     --- He aquí, oh muy gran rey! lo que se dice en esta inscripción: "Tras de la invocación del nombre de Dios! Obedecimos a Dios y fuimos obedecidos; tuvimos paciencia y obtuvimos éxito; dimos y nos fué dado; se nos enseñ ó y aprendimos; tuvimos deseos y los logramos; fuimos fortalecidos y, al fin, aniquilados. Quien venga a nuestro reino y logre adquirir parte de nuestros conocimientos, que destruya lo que construímos y ponga fin a lo que se nos dió. En este ídolo hemos puesto las ciencias de la tierra y sus tesoros."

    Encolerizóse el rey al oirlo, y acerca de aquellas palabras: "quien venga a nuestro reino o llegue a algunos de nustros conocimientos, que destruya el ídolo", exclamó:

     --- Juro por El que ha de resuciar los huesos cariados y El que saca el embrión de la nada, que no arrancaré de aquí hasta que no destruya este ídolo, y lo vuelva de arriba abajo, y lo arrase, sin que quede de él rastro.

    En seguida mandó el rey al visir y a los áulicos que ocupase cada hombre su puesto, según su rango respecto del rey. Después mandó que se presentaran los mineros, canteros y herreros, ordenando que se hiciese provisión del agua dulce de aquella isla y se destruyese el ídolo.

    Dice el autor del relato: Los hombres ocupados en la destrucción de este ídolo fueron cuarenta mil y transcurrieron treinta dias completos, sin que abriesen brecha en él.

    Al cabo entró el visir a ver al rey y le dijo:

     --- Oh, mi señ or! El dinero se acaba, se marchan los hombres y los principes se van, sin que se cumpla tu deseo de destruír este ídolo.

     --- Y cual es la causa?

     --- Este idolo no será jamás destruído, porque está fundido con siete metales, a saber: oro, plata, cobre, hierro, plomo, estañ o, mercurio y latón. Aún cuando se le prendiese fuego noche y dia, no haría mella en él.

    Dijo entonces el rey:

     --- Sólo Dios es vencedor! La criatura es débil y vencida!

    Y se acostó el rey aquella noche con el designio de partir.

    Amanecieron los hombres con esta disposición, cuando descubrieron un cofre de verde esmeralda. Enterado el rey, mandó que lo sacaran y se lo presentaran. Al ver que alrededor de él habia unas letras escritas, dijo al xeij :

     --- Lee.

    Mirólas el xeij y dijo:

     --- Oh, mi señ or! Son sentencias.

    Preguntó el rey:

     --- Qué son?

     --- He aquí lo que dicen: "El que deja algo en depósito se puede despedir de ello: si lo manda a pedir, querella segura; si deja de pedirlo, lo pierde en absoluto. El que adelanta dinero, se arruina. Ten presente, hijo mío, que si te dan una perla susceptible de ser vendida o una perla con cuyo valor se podria vivir holgadamente, es esto otra cosa sino dinero contante y ahorro de hoy para mañ ana?"

    Seguidamente ordenó el rey la apertura del cofre y lo encontraron lleno de monedas de oro rojo. Había además en él una plancha escrita, de lo cual maravillóse el rey. Entregada al xeij, miróla éste, la leyó y dijo:

     --- He aquí lo que contiene: "Tras de la invocación del nombre de Dios, Aquel a quien no extingue el resbalar de la eternidad, El que aniquila los imperios, el primer Señ or de los reyes! Habrá en cierta época, entre los reyes del Yemen, uno que vendrá hasta este ídolo e intentará destruírlo. Pero no podrá. Cuando este rey habite entre nosotros y sea nuestro huésped, obligados estaremos a tratarle generosamente y, por tanto, le entregarenos cuanto haya gastado, sin aumento ni mengua. Empero, a contar desde el día en que se abra este cofre,a los siete días morirá este rey en Omán, de la tierra del Yemen. Loadosea el Aniquilador de los pueblos!"

    Cuando oyó el rey estas palabras, demudóse su color y dijo:

     --- Oh xeij! Sus palabras son susceptibles de ser interpretadas como verdaderas o como falsas.

    Después exclamó:

     --- Que vengan los administradores, los secretarios y los gobernadores!

    Y cuando se presentaron, les dijo:

     --- Sumad cuanto hemos gastado desde el día en que subimos a este monte.

    Y lo sumaron. A continuación mandó pesar el dinero que había en el cofre y, por Alá, que no sobró un dinar ni faltó un dracma, quedando maravillados todos los circunstantes de la sutileza de la ciencia del xeij y de la perfección de su inteligencia. Dijole el rey al xeij :

     --- Oh filósofo sabio! Acertaste en cuanto dijiste. Mas cuéntame qué es este ídolo, cuál es su razón de ser y quién lo erigió.

    Dijo el xeij :

     --- Oh rey! Oyeme y entiende! Me contó mi padre, quien lo había oído de mi abuelo, que este ídolo fué construído a semejanza del mundo, porque fué construído sobre este monte y el monte sobre la tierra, que es la excelencia de la sabiduría , de la cual creció el mundo y a partir de la cual fué establecido. Quien pretende que ella es fría y seca o calurosa y húmeda, discurre con su juicio.

     --- En verdad, oh xeij ! eres sabio. Y cuéntame cuál es la causa de la erección de este ídolo y de dónde traen su origen las ciencias que hay en él.

    Dijo el xeij :

    Cuentan que hubo entre los reyes de esta ciudad uno tal, que no había entre los reyes de la tierra otro mayor en imperio. Tenía en su corte mil sabios, mil filósofos, mil visires, mil médicos, mil astrólogos y mil hechiceros. Tenía también este rey mil lechos de hijas de reyes; pero en toda su vida no logró de ellas más sucesión que una sola hija, cuyo amor infundió Dios en su corazón. Llamóla Omr (Vida) y era conforme a su nombre.

    Cuando vino al mundo, saliendo de la nada a la existencia, mandó el rey a los astrólogos y estrelleros que hallasen su horóscopo. Una vez halldo y computado, dijeron:

     --- Oh gran rey! A esta niñ a le sucederá una grave desgracia y parirá un niñ o, a quien ocurrirán sucesos maravillosos, aventuras extraordinarias e historias peregrinas. Lo dará a luz en la conjunción de los siete planetas, coincidente con la estrella llamada Corazón del León. Toda explicación te ahorra este indicio.

    Inmediatamente mandó el rey construír un alcázar tal como no hubiese otro en el mundo. Le abrió cimientos y los llenó de plomo. Puso sus muros de cobre y las almenas de blanca plata. Encima de cada almena había un pavón de oro rojo, con ojos de jacinto y alas de verde esmeralda. Hizo correr en él fuentes; plantó en él todo género de árboles; trajo a él toda especie de aves. Aprestó para el servicio de este alcázar mil esclavas, mil pajes y mil cancilleres. Puso mil siervos que vigilasen el alcázar noche y día. Después entregó la niñ a a una nodriza para que la criase.

    Creció la princesa y se desarrolló, y cuando llegó a la edad de la pubertad, conmovióla con vehemente sacudida el instinto sexual, acompañ ado del apetito lascivo, que es una energia espitual. Un dia que había subido a una de las cámaras altas del alcázar, al asomarse desde ella, vió un escuadrón de cabelleros, en medio de los cuales estaba un mancebo más hermoso que el sol.

     --- Quién es ése?  --- preguntó.

    Y la contestaron:

     --- Es Xams (Sol), hijo del visir, la persona a quien más honra tu padre.

    E infundió Dios en el corazón de la princesa el amor de aquel mancebo, que se había apoderado de sus oídos y de sus ojos. Al cabo la pasión venció a la inteligencia, y, abandonando el recto camino, tomó el camino de perdición. Dijo al aya que la había criado:

     --- Cómo podria reunirme con él y estar con él a solas?

    El aya se negó, reprobando aquello. Mas dijo la princesa:

     --- Juro que, si no haces lo que te he mandado, me vengaré de ti.

    No pudiendo el aya desobedecerla, buscó una añ agaza, a fin de introducir a Xams, el hijo del visir, en el alcázar. Y salió hacia él la hija del rey y le solicitó. El joven rehusó; pero la princesa dijo:

     --- Juro que, si no haces conmigo lo que hacen los hombres con las mujeres, te he quemar con fuego.

    Y no le quedó otro remedio. Mas dijo:

     --- Temo la vehemencia del rey y la fiereza de su cólera.

    Ella palicedió y se impacientó:

     --- No hay motivo para miedo  --- dijo.

     --- Déjame  --- insistió el mancebo  --- hasta que haya entre nosotros un testigo y una prenda.

     --- El testigo está presente.

     --- Dónde está?

     --- Es el dueñ o de esta construcción.

     --- Y la prenda, cuál es?

     --- Tu espada y tu sello.

    Entrególe la espada y se resolvió entre ellos el asunto.

    Mas cuando satisfizo su pasión, clamó lastimeramente, invocando el castigo del cielo, mesó sus cabellos, tiró sus vestidos y construyó una ermita, dedic…ndose a la vida devota. Entre tanto se hizo evidente su embarazo; mas ella ocultaba su secreto, ingeni…ndose y conduciéndose de la manera que su Señ or le inspiraba.

    Tenía su padre una piedra de jacinto que no tenía par en el mundo y por la cual estaba orgulloso sobre todos los reyes de la tierra. Ella ingenióse para cogerla. Después fabricó una ajorca de oro rojo e hizo un cofre de madera. Preparó luego lo necesario para ella y su hijo. El parto acaeció en la noche catorce del equinoccio.

    Cuando dió a luz, fajó a su hijo, sin que nadie conociese su secreto m…s que El que lo había decretado. Después marchó a la orilla del mar; se sentó con las piernas cruzadas, sacó a su hijo de debajo de si, y le puso en el cuello la piedra de jacinto y en el tobillo la ajorca de oro que para él había hecho. Luego, alzando al cielo el rostro, exclamó con lo más alto de su voz:

    -- Oh Viviente! Oh Evidente! Oh Creador de toda cosa! Este es mi hijo, el que has creado con la más bella de las formas en la tiniebla de mis entrañ as, el que tenías destinado desde antes que creases el mundo.

    Después metiólo en el cofre, ajustó éste bien y dijo:

    -- Tómalo para Ti. Yo te lo entrego en depósito, oh Tú, que no obras con negligencia en los depósitos!

    Y asi dieciendo lo arrojó al mar.

    Entonces dijo Dios a los vientos:

    -- Coged a mi siervo y caminad con él.

    No se puede saber el espacio que recorrió en aquella noche. Salió a la orilla en una isla fértil, donde se habían reunido todos los frutos y bienes, y todos los animales en sus diversas especies, salvo el hombre, el cual no había penetrado jamás en aquella isla. Arrojáronle los vientos a ella. Cuando salió el sol, aflojáronse las junturas del cofre, se agitó el niñ o y lloró de sed. Los animales oyeron una voz a que no estaban habituados y vieron una figura que jamás habían contemplado. Vieron también aquella piedra en su cuello, centelleante de luz. Y no se le acercó ningún animal más que una gacela, cuya cria había muerto, la cual, dirigiéndose a él, se puso a olfatearle. Dios guió al niñ o hacia la ubre de la gacela y ésta se confió a él, que mamó hasta hartarse. Y Dios hizo que lo acogiese la gacela. Venía a él cuatro veces por día, hasta que se robusteció su organismo. Luego lo tomó y le transportó a una cueva que había en la isla.

    Cuando tuvo uso de razón, contempló las obras de Dios: las estrellas y su elevación; el cielo y su arquitectura, la esfera celeste y sus revoluciones; la tierra y su extensión; los animales y la variedad de sus figuras; el mar y el entrechocamiento tumultuoso de sus olas; las plantas y sus cualidades. Consideró cuanto había a su derecha y a su izquierda, detrás y delante, encima y debajo. Contempló a los animales, todos ellos, sin ver ninguno de su propio género, y vió que todo animal tiene con qué defenderse, alejando el mal de sí.

    Luego bajó a la orilla del mar para contemplarlo. Y vió que un ave se lanzaba sobre un pez. El pez cayó a tierra de entre las garras del ave. Entonces él lo atrapó, perforó su vientre y encontró que aquel pez se había tragado otro. Y atravesó el vientre de éste, y he aquí que su boca se había tragado otro pez más pequeñ o que él. Y perforó el vientre de este pez tercero y encontró en su vientre un gusano. Díjose el joven para sus adentros:

    -- En verdad, cada uno de estos animales es injusto en la medida de sus fuerzas.

    Después tornó la vista a las aves. Y vió que un águila se abatío sobre un halcón, que escapó de sus garras. El halcón se abatió sobre un sacre, pero sin resultado. El sacre se abatió sobre un pajarillo, que escapó de él. El pajarillo se lanzó sobre una hormiga, y se la comió.

    Y tornó la vista a las animañ as y a las fieras. Vió a un león lanzarse sobre un lobo, que escapó de ante él. Aquel lobo atacó a un perro. Mas el perro escapó y atacó a una zorra. Y escapó la zorra y atacó a un gallo. Y escapó el gallo y se lanzó sobre una arañ a, y se la comió. De todo lo cual entendió el joven que a un ser nada le espanta cuando busca su sustento, y que el débil es siempre vencido.

    Después contempló al elefante, y su corpulencia y fuerza. Mas le había matado un animal débil. Las fieras se reunieron para comérselo. Y por su comida disputaron encarnizadamente las fieras y los demás animales. Descubrieron sus colmillos, se golpearon mutuamente, hasta que agujerearon sus pieles y voló su pelo, y al cabo el fuerte venció sobre el débil. Es esto un símbolo del mundo: la carne mortecina es el mundo y los hombres disputan encarnizadamente por él.

    Cuando vió el joven todo aquello, sintió nacer en su alma energia y dureza y encontró en su inteligencia astucia, engañ o y traición. Redes y cepos fabricó para cazar; empleó lazos para coger del aire a los pájaros por sus patas; sacó a los peces del mar; montó a los caballos; domesticó a las bestias; derramó sangre; arrojó a las alimañ as de sus cubiles y a las aves de sus nidos.

    Había entre los animales que habitaban en aquella isla una gran serpiente, que era su maestro y su juez. Juntáronse los animales, se concertaron entre si y gritaron. Y salió la serpiente y les dijo:

    -- Qué os sucede?

    Le contestaron:

     --- Nos acontece una cosa grave. Ha crecido entre nosotros un animal que no es de nuestra especie, que deja huérfanos a nuestros hijos, destruye nuestros nidos, derrama nuestra sangre y humilla al que entre nosotros es noble.

    -- Describidle  --- dijo la serpiente -, a fin de que sepa quién es.

    Y le dijeron:

    -- Es de estatura proporcionada, de bella figura, se mantiene erecto sobre sus dos pies, tiene las manos extendidas y la cabeza redonda. Puede mirar a derecha e izquierda, detrás y delante. No hay sobre él pelo ni pluma.

    -Pues ese es vuestro señ or y vuestro juez. Escuchad sus mandatos y obedecedle.

    Dijeron:

    -- De qué especie es?

    Les contestó:

    -- Del linaje de Adán, alos que Dios concedió la razón, el entendimiento, la ciencia, la sagacidad, la escritura, el cálculo, la elocuencia, la claridad de exposición, las artes, el poder de demostrar la verdad y rehuír el error. De entre ellos salen los profetas, los enviados y los califas. Obedecedle, pues, y no rebelaros contra su mandato.

    Le dieron las garcias por su consejo. Después ciertamente el dragón se mostró al hombre y le habló con palabras afables para hacérsele grato, y reconoció su excelencia, diciéndole:

    -- Yo seré tu mensajero para con todos los habitantes de esta isla y les diré que se soemtan a ti y obedezcan tu mandato.

    Y el hombre le recompensó con bien. Levantándose, hizo llegar a los animales su mensaje. Todos vinieron a postarse ante el hombre, que escogió entre ellos el visir, los ministros y los cancilleres. Los animales comenzaron a enseñ arle sus idiomas y sus lenguas, y el hombre juzgaba entre ellos, según su juicio e inteligencia.

    Pero volvamos al cuento del rey y su hija y a lo que fué de su historia, donde hay una enseñ anza para los que preguntan.

    Ello es que el rey, cuando perdió la piedra de jacinto, reunió a todos los que le rodeaban en al alcázar y les dijo:

    -- Juro que si no presentáis la piedra y vuelve a su sitio, os he de degollar desde el más pequeñ o al más grande.

    Dice el autor del relato: Mató a seis mil entre hombres y mujeres, y perdió toda esperanza de recobrar la piedra.

    Tornemos ahora el relato hacia Xams, el hijo del visir. Ello es que después que acaeció aquello entre él y la princesa, volvió a cpmer y a beber, a jugar y a divertirse, sin acordarse de su pecado y de su mala acción. Murió por entonces el visir, su padre, y le fué concedido el visirato a este su hijo Xams. Se encargó, pues, del gobierno y de la administración en el reino, y como era despierto, sagaz y entendido, aproximole el rey a sí y engrandeció su condición, según lo había Dios querido en su eficaz providencia.

    Una noche vió en sueñ os el rey al visir Xams como si estuviese en el trono de su reino, con la corona sobre su cabeza, la diadema en la frente y el anillo real en el dedo. Ante él estaba su hijo, llevando al cuello la piedra supradicha. El rey tomaba al hijo del visir y le estrechaba contra su pecho, besándole en la cabeza. El hijo del visir se lavantaba y ponía la mano del rey sobre su propria cabeza.

    Desperto el rey lleno de espanto y sobresalto y estuvo el resto de la noche revolciéndose en el lecho. Al alba, mandó que se presentaran los sabios, los astrólogos y los declaradores de sueñ os. Cuando se presentaron ante él y estuvo completa la asamblea, ocupando el visir la diestra del rey, contóles éste la visión que había tenido. El visir no sabia que se trataba de él.

    -- Decidme la verdad  --- les dijo el rey  --- y no me ocultéis nada.

    La gente aquella reflexionó en sus inteligencias y dijo:

    -- Oh rey! La persona que viste en tu sueñ o es un engañ ador que te ha engañ ado en el ser que te más querido. A su hijo le sucede un extrañ o suceso. El se apoderará de tu reino, se hará fuerte sobre el mundo y perdurará su recuerdo hasta el cabo de los siglos.

    Cuando el rey oyó estas palabras, mandó encarcelar al mencionado Xams y a cuantos componían su séquito, y ordenó la muerte del visir. Mas dijeron los áulicos:

    -- Cosa es que jamás ha sucedido a un rey de la tierra el que matase a su visir.

    -- Qué os parece que haga?

    -- Expúlsale de tu tierra.

    Y mandó construír el rey para él un barco, donde fué puesto, sin más provisiones ni aparejos, desnudo, y lo botaron al mar.

    Pero Dios, bendito sea y exaltado! ordenó a los cuatro vientos:

    -- Conducid a mi siervo hacia mi otro siervo.

    Seguidamente le llevaron los vientos a la isla supradicha, donde desembarcó hambriento y desnudo. Púsose a caminar por la isla para procurarse algo con que retener su último spolo vital. En estas estaba cuando vió a un individuo de su misma figura, de lo cual quedó pasmado. Pero diciéndose para sus adentros que no podía ser más que otro desterrado como él en aquella isla, marchó a su encuentro. Al verle el joven se espantó de él, y cuanto más aumentaba el visir en proximidad a aquel hombre, más aumentaba éste en su huída. Viendo lo cual, desistió el visir de seguirle y se sentó en uno de aquellos parajes. Mas el otro comenzó a seguir sus huellas, hasta que al llegar a él oyóle recitar en una lengua que no había escuchado jamás. Y se detuvo y experimentó simpatia hacia él, por cuanto ya se revelaban la voz de la sangre y la naturaleza. Fuéle atrayendo el visir, hasta que se acercó, y comenzó a hablarle por señ as, tal como habían los mudos. Luego empezó a escribit para él en la arena.

    Una vez que entendia las letras y comenzó a familiarizarse con ellas, hasta el punto de que las sabía bien y comprendía la palabra y la escritura, dijole el visir:

    -- Quién eres? Quién te ha arrojado aquí?

    -- No lo sé  --- contestó  --- Y tu? Quién eres tú? Quién eres?

    -- Yo  --- repuso  --- soy el visir del rey.

    -- Y qué es el rey?

    -- El vicario de Dios en su reino.

    -- Y qué es eso de Dios?

    -- Dios es Poderoso, Inmutable, Creador de las formas y de toda cosa, Eterno en su imperio, no susceptible de cambio.

    No cesó de esta suerte de hacerle comprender las ciencias. Le inició también en las historias de los profetas y en los relatos hagiográficos hasta que resultó entendido en numerosas materias. Entonces el joven deseó salir hacia los hombres.

    Estando un día en meditación vió de pronto una cosa que albeaba en el mar.

    -- Qué es eso?  --- preguntó al visir.

    -- Una nave.

    -- Y qué es una nave?

    -- Tal y tal cosa.

    Y se puso a describírsela

    -- Y quién la sostiene?

    -- El que sostiene las siete esferas.

    -- Y quién es ése?

    -- El que sostiene el Trono.

    -Y quién es el que sostiene el Trono?

    -- El que a toda cosa rodea con su ciencia; Aquel cuyo mandato está entre el Kaf y el Nun; "El que cuando quiere una cosa dice solamente: , y es".

    Entre tanto el bajel se dirigia a la isla, amainando velas, y su tripulación se aprestaba a desembarcar; mas ambos lo impedían. Decianles los nautas:

    -- Tened piedad de nosotros! Un añ o entero hace que no hemos visto más tierra que esta isla. Estamos a punto de perecer. Tened piedad de nosotros y que Dios de vosotros se apiade!

    Al oír que invocaban el nombre de Dios, temblaron, y aquel temor de Dios les hizo rectificar su mal propósito. Dijeron:

    -- Prometednos por Dios que embarcaremos con vosotros y que nos dejaréis en la primera tierra que encontréis, y os daremos generosamente de los productos de esta isla y de lo que hay en ella.

    Se lo prometieron por Dios, desembarcaron, se aprovisionaron de agua y viveres y embarcaron. Y llegaron a su país, donde desembarcaron.

    Allí oyeron ambos hablar en un idioma a que no estaban habituados. Fueron invitados a reconocer la unidad de Dios y la obligación de servirle. Les impusieron los preceptos legales y les anunciaron las penas en que incurririan, caso de vulnerarlos.

    Su noticia llegó al rey que arriba mencionamos, el cual mandó su comparecencia. Y se presentaron ante él. El rey miró la piedra de jacinto y la ajorca y quedó pasmado. Después miró al rostro del visir y, reconociéndole, exclamó:

    -- Cosa peregrina y aventura bizarra!

    Y para sus adentros:

    -- Esta es la visión que tuve en sueñ os.

    Mientras tanto llegó la nueva a la princesa, que entró adonde estaban. Al ver a su hijo, le besó entre los ojos diciendo:

    -- Por Alá! Este es mi hijo, pedazo de mis entrañ as.

    El rey quedó suspenso y dijo a la princesa:

    -- Qué es esto?

    Y ella repuso:

    -- Este es mi hijo; este otro, su padre, y tú su abuelo, verdaderamente. Y esta es la piedra por la cual mataste seis mil personas.

    Después le contó la historia y sacó la espada y el sello. Era testigo y árbitro entre ambos Dios, El que decidió sobre ellos con su sabiduría y su voluntad como quiso.

    Aceptó el rey las excusas de la princesa y perdonó al visir Xams. Su nieto fué el que le sucedió en el trono y perduró en su sabiduríí. Gobernó la tierra a lo largo y a lo ancho. El fué el que erigió este ídolo y construyó estos monumentos que ves, oh rey! así como los talismanes y los templos.

    Quedó maravillado Dulcarnain, y mandó a sus ejércitos que partiesen del monte.

    Acaba la historia con la alabanza a Dios y su excelente ayuda. 


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